En busca de los discos perdidos

Bienvenidos lectores a la primera reseña de este año…. Si, un poco tarde, sepan disculpar. El libro del cual les voy a contar hoy lo tenía en la mira hacía mucho tiempo, y por fin pude conseguirlo así que eso me dejó re contenta. Algo que me pasó es que cuando lo tuve también me dio un poquito de miedo, porque pensé, “mirá si no es tan bueno como pensaba”, no se si a ustedes les pasa pero a mi si. Le pongo tanta emoción previa a algo que después me desilusiono, o como en este caso, cumple con todas las expectativas y más.

En busca de los discos perdidos (EDITORIAL CONTRA) está escrito y narrado por Eric Spitznagel, periodista estadounidense y melómano de alma. En estas páginas nos cuenta de primera mano sobre el viaje que emprendió para recuperar los discos de su infancia y adolescencia, aquellos que escuchaba sin parar una y otra vez, los que gritaba a todo pulmón y los que no quería admitir en voz alta que le gustaban.

“Estoy hablando de la clase de música que te cala hasta los tuétanos, que se incorpora a tu flujo sanguíneo y se convierte en parte de tu ADN. Me refiero a la canción que se te quedó grabada cuando te sentiste abandonado o incomprendido, y de la que estás bastante convencido de que fue escrita específicamente para ti”.

Lo que me encontré en este libro, fue una historia súper sensible sobre la música y la vida, sobre el paso del tiempo, crecer y volverse adulto… Con un poco de ironía, de chistes un poco mal pensados y las situaciones más disparatadas me reí mucho leyéndolo. El autor no solo te cuenta sobre cómo conoció a tal banda, o cómo llegó a “hacerse fanático” de Bon Jovi por una novia, sino que también va recorriendo con un deje de melancolía el camino de su vida que había recorrido hasta el momento.

Ya entrado en los cuarenta, Eric se encuentra en un punto de su vida en donde la rutina, el matrimonio, el trabajo y la paternidad están un poco colisionados y eso lo tiene también un poco estancado. Entonces empieza a recordar aquellos momentos de su juventud, cuando todavía vivía con sus padres y su hermano, en donde no tenía preocupaciones del estilo, cuándo vencen las facturas o hay que cambiarle los pañales a Charlie (su hijo). Es en ese momento en el que decide recuperar sus discos perdidos, pero no solo el disco con las canciones sino SU DISCO, aquel que le sirvió para esconder la marihuana y que sus padres no la encuentren, o el que tenía el número de teléfono de la que fue su primer novia. Había vendido su colección de discos hacía más o menos unos 15 o 20 años en un momento en el que necesitaba plata. Un poco ambicioso ¿no? Si, pero no imposible según él.

No le servía cualquier disco, tenia que ser específicamente ese, y el lo iba a reconocer al momento en que lo viera. Estaba convencido de que en cuanto lo oliera, o lo viera y le buscara meticulosamente aquella marca, o aquella raya en el vinilo lo iba a saber. Porque las rayas eran importantes para el, le daban a la canción en donde saltaba siempre la aguja del tocadiscos un diferencial que la hacía especial. Si escuchaba esa misma canción en un disco que no estaba rayado ya no tenía el mismo sentido.

En esta búsqueda y sobre todo rememoración de aquella época, Eric analiza un poco las nuevas tecnologías que se emplean ahora para escuchar música, el paso del vinilo al CD, luego al mp3 y ahora a la era digital, haciendo una pequeña crítica aunque el mismo haya sido presa de la modernización.

Creo que más allá de que la historia se centra en recuperar sus discos, y en donde se mete en los lugares más recónditos y pasa por situaciones de lo más bizarras, el autor escribe como una biografía de su vida. Nos cuenta sobre su familia, la muerte de su padre, cuando conoció a la que ahora es su esposa y después de cómo su hijo vino a cambiar su mundo y de lo que el quiere reflejar como padre. Por eso digo que es una historia que tiene también un poco de sensibilidad, que me pareció de lo más ameno de leer.

Las referencias musicales, que saben que son casi lo que más me importa en este tipo de libros, es muy buena y tiene un poco de todo. Al leerlo sentí que estaba charlando o mejor dicho “escuchando” a un viejo tío que me contaba cosas sobre su juventud. Simplemente cumplió con mis expectativas y me dejó una sensación de cobijo en el corazón.

No quiero dejar de agradecer a la distribuidora Gussi Libros quien confió en esta oportunidad para darme el ejemplar.

Gracias por llegar hasta acá, los saluda

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